Restaurante Bandolero

 

Bajando por la calle de San Pablo nos encontramos la calle de Los Villalones en la que se abre la Plaza de Orive. La calle y la plaza toman sus nombres del palacio presente en las mismas.

El palacio de Orive o de los Villalones

Su nombre corresponde a don Alonso de Orive y Villalón, Caballero de Alcántara y por los dos apellidos se le conoce indistintamente. Palacio de Orive y Palacio de los Villalones. Su portada, realizada en 1560 por Hernán Ruiz, el joven, es considerada como una de las grandes realizaciones del Renacimiento en nuestra ciudad. Está compuesta de tres cuerpos, en el de arriba, una terraza mirador cubierta y con arcadas al exterior; en el segundo cuerpo, una gran ventana adintelada, con un friso para escudos y florones y a pie de calle, entre delgadas columnas, una puerta de madera con. clavos de bronce. Sobre ella un dintel decorado con un bajo relieve de mujer con los brazos abiertos para sujetar una inscripción.

Lo que cuenta la leyenda

El pueblo ha querido ver en esta imagen de mujer a la que, luego, la leyenda recuerda como Blanca de Córdoba, la hija de Carlos Ucel y Guimbarda, el Corregidor de la Casaca Blanca, como se le conocía, que, al perder a su esposa, se centró en atenciones con su hija y la leyenda cuenta que, por ello, impidió que una gitana le leyera su ventura en la mano, pero no impidió que la misma gitana la maldijera por ello.

Años más tarde, llegaron a la casa unos judíos a quejarse al corregidor de que no encontraban posada a esas horas de la noche. Don Carlos les permitió quedarse en el portal de entrada de su casa. La curiosidad motivó que Blanca y su criada los espiasen, observando que se habían sentado en círculo, pasaban las cuentas de un gran rosario y leían un libro bajo la luz de una vela amarilla. En ese momento se abrió la tierra a sus pies y apareció una escalera por la que subió un gallardo joven con un cofre lleno de alhajas, al que obligaron a dejar el cofre y volver a su encierro, mientra ellos apagaban la vela para que se cerrase el hoyo. Idos los huéspedes, a las curiosas mujeres se les ocurrió la idea de que, juntando las gotas de cera amarilla caídas de la vela podrían volver a abrir las entrañas del zaguán y así pasó, bajando Blanca por la aparecida escalera en busca del joven y sus riquezas. La vela se apagó, el hoyo se cerró y Blanca quedó dentro, oyéndose sus lamentos desde el fondo de la tierra. Su padre excavó durante muchos años hasta su muerte, pero Blanca no volvió aunque, por la noche, se ven sus sombras y se oyen sus lamentos y, a veces, la risa sarcástica de la maldiciente gitana.

Delegación municipal de Cultura

Hoy, el propietario del palacio, el Ayuntamiento de la ciudad, ha cambiado la solería del zaguán por una de mármol blanco, similar a la que se ha utilizado en la planta baja del edificio recuperado felizmente como sede de la Delegación Municipal de Cultura, en cuyo interior destaca un hermoso patio claustrado, abierto en la planta baja y acristalado en la alta. Es de mármol blanco y tiene una bonita fuente circular de mármol negro. A su alrededor, grandes habitaciones y sala de exposiciones. Otro gran acierto ha sido convertir la capilla en Sala Orive para conciertos, donde luce el Festival de Guitarra. Al salir al huerto del palacio nos despide Jonás, una gran escultura realizada y donada a Córdoba por Luis Celorio.

 

Agencia Idea